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A 45 años del Golpe de Estado cívico-militar: Memoria, Verdad, Justicia y Reparación
A 45 años del Golpe genocida iniciado el 24 de marzo de 1976, seguimos construyendo Memoria, Verdad, Justicia y Reparación, recuperando los sueños y las voces de compañeros y compañeras estudiantes, docentes y nodocentes víctimas del terrorismo de Estado.
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En el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia conmemoramos un nuevo aniversario del Golpe de Estado cívico – militar,  recordando a las y los 30.000 detenidos-desaparecidos y asesinados víctimas del terrorismo de Estado. Sostenemos la Memoria y las demandas de Verdad, Justicia y Reparación para reconstruir el tejido social como única forma de construir un presente más justo y solidario e iluminar un futuro mejor. Desde este compromiso, en el Liceo sostenemos el imperativo de recordar, reconstruyendo los hechos que tuvieron lugar en la Universidad y en el colegio.

El terrorismo de Estado se desplegó en nuestro país  mediante una feroz represión, en un contexto caracterizado por la creciente organización y movilización social, política y cultural. El llamado “Proceso de Reorganización Nacional”, buscó rediseñar la sociedad en su conjunto generando un salto cualitativo en la represión y en el ejercicio de la violencia política: la diseminación del terror como forma de disciplinamiento social. Esto tenía como objetivo la implementación de un modelo económico que benefició a los sectores más concentrados de la economía y perjudicó al conjunto de las y los trabajadores, dejando como saldo una profunda desigualdad social y una deuda externa que empobreció a las generaciones futuras.  En la Argentina hubo más de ochocientos centros clandestinos de detención, tortura y exterminio donde se cometieron delitos contra la humanidad tales como secuestros, desapariciones forzadas, miles de presas y presos políticos, miles de exiliadas y exiliados, vejaciones, apropiación de menores, vuelos de la muerte, asesinatos, robo de bienes.

La dictadura cívico-militar sostenía que el «enemigo interno» anidaba en los hogares, las escuelas y las fábricas. En todos esos ámbitos debía ser detectado y combatido pero, según decían, «es en la educación donde hay que actuar con claridad y energía para arrancar la raíz de la subversión demostrando a los estudiantes la falsedad de las concepciones y doctrinas que durante tantos años les fueron inculcando». Así rezaba el documento “Subversión en el ámbito educativo (Conozcamos a nuestro enemigo)”[2], que fue editado por el Ministerio de Cultura y Educación de la Nación en 1977.

En nuestra Universidad, el comienzo del terror paraestatal está datado el 8 de octubre de 1974, con el homicidio de Carlos Miguel y Rodolfo Achem. “Ese día se produjo la clausura de la actividad universitaria dispuesta por el Ministro de Cultura y Educación Oscar Ivanissevich, el silenciamiento de la emisora LR 11 Radio Eva Perón y la renuncia masiva de funcionarios de la UNLP”[3], muchos/as de los cuales resultaron víctimas del Terrorismo de Estado. “Desde marzo de 1976, la Universidad fue intervenida por el Capitán de Navío Eduardo Luis Saccone –como delegado interventor- y luego, desde octubre de 1976, por Guillermo Gallo –como Rector; (…) desde ese momento, la persecución y el desaliento al estudiantado se manifestaron en las restricciones para el ingreso, el aumento de aranceles administrativos, los cupos y la prohibición de actividades políticas y gremiales dentro del ámbito académico, la desarticulación de los centros de estudiantes, la obligación de dejar el DNI en el ingreso a los edificios.”[4]. Todas las decisiones ´administrativas´que se tomaban estaban en sintonía con las necesidades represivas de las fuerzas militares y de seguridad. En este marco, se cerró el Comedor Universitario, se redujeron los cupos de vacantes fijados para el ingreso, fueron cerradas las carreras de Cinematografía y Pintura Mural. Se prohibió la admisión como alumnos a quienes desarrollaran actividad que “asuma formas de adoctrinamiento, propaganda, proselitismo o agitación de carácter político o gremial, docente, estudiantil o no docente” y se dispuso la expulsión en caso de que se realizaran tales actividades, con prohibición de ingresar por cinco años, y la comunicación a todas las universidades del país. Se modificó el régimen disciplinario, incorporando estas disposiciones y ampliando las faltas a las cometidas tanto en el ámbito universitario como fuera de éste.
 
En el Liceo, este proceso tuvo características específicas. En enero de 1975 se limitaron numerosas designaciones interinas [7] afectando, entre otros, a Virginia Allende, Liliana Galletti, Lucía Swica, Celina Lacay y a Diana Teruggi, quienes luego fueron víctimas del Terrorismo de Estado. A partir de marzo de ese mismo año, se produjo el ingreso a la institución de  personas vinculadas con la Concentración Nacional Universitaria (CNU), organización paraestatal que cometió delitos de lesa humanidad, tal como se ha documentado en las causas judiciales donde se investiga su accionar. Las transformaciones institucionales del período generaron el reclamo de unos cien padres de estudiantes de 4° y de 5° año ante la Rectora, tal como consta en un matutino local del 16 de abril de 1975: “…desde el inicio del ciclo lectivo el alumnado en general fue objeto, por parte de celadores, de un trato anormal, que comprendía amenazas y ofensas. (…) Algunos estudiantes fueron agredidos físicamente por celadores que se identificaron como integrantes de un presunto cuerpo de seguridad interna del colegio.”[13].

En esta etapa, hubo también profundas modificaciones en los contenidos y en el régimen de enseñanza. Ya en 1975 comenzaron a realizarse “ajustes” a los programas de Historia, Geografía e Instrucción Cívica que entrarían en vigencia en el ciclo lectivo 1976. Estos cambios se profundizaron a partir del golpe de Estado. Para el ingreso a los colegios de la Universidad, a partir del ciclo lectivo 1977 se dispuso tomar una prueba de selección, práctica que años antes se había abandonado [15].  En sintonía con esta medida de carácter elitista, se estableció que el ingreso de los alumnos de pregrado a las  facultades sería sin los requisitos de evaluación que en ellas se implementan, siempre que el promedio sea de siete puntos o más[16].

Al igual que en las unidades académicas de grado, desde junio de 1976 se dictaron “Normas a seguir para la correcta presentación del personal docente y alumnos en los colegios” en las cuales se explicitó que el incumplimiento de las normas de indumentaria y cuidados de pulcritud personal se sancionaría como falta grave[17]. En el mismo sentido, se renovó el Régimen disciplinario para los estudiantes, explicitando que serían sancionados “con apercibimiento, suspensión o expulsión” quienes tuviesen alguna actividad política o gremial o fuesen señalados por “actos que denoten peligrosidad actual o potencial para la seguridad nacional, los que deberán estar fehacientemente acreditados por vía de información producida por las fuerzas de seguridad.”[18].

Estas profundas transformaciones institucionales derivaron también en la disminución de la matrícula de ingreso al colegio. Con sus decisiones, las diversas autoridades que se sucedieron en el colegio fueron artífices de la depuración ideológica que desterró avances educativos de años anteriores que tendían al fortalecimiento de la autonomía personal y académica de las y los  jóvenes.

La reconstrucción de estos hechos es posible gracias al trabajo de reparación histórica que nuestra Universidad y el Liceo vienen desarrollando paralelamente al trabajo de organización de los Archivos. El Programa de Reparación de Legajos de víctimas del Terrorismo de Estado, impulsado mediante la Resolución Nº 259/15 por la Prosecretaría de Derechos Humanos de la UNLP, promueve el rescate de las memorias de aquellos y aquellas que pasaron por nuestras aulas y pasillos y dejaron su huella. Huellas que la represión quiso borrar y que hoy buscamos recuperar como testimonios valiosos para la construcción de la memoria colectiva.

 

En nuestra memoria, Hoy y para Siempre  

Presentes, Ahora y Siempre: estudiantes, docentes y nodocentes del Liceo víctimas del terrorismo de Estado


Si conociste o sos familiar de alguna de las víctimas vinculadas al colegio, escribinos a reparacionlegajos@lvm.unlp.edu.ar

 

Notas:

[1] Disponible en: http://www.martinezdehoz.com/words/Bases_para_una_Argentina_Moderna.pdf.
[2] Disponible en: http://www.bnm.me.gov.ar/giga1/documentos/EL003637.pdf.
[3] Resolución N°2902 del 24 de mayo de 2019, Universidad Nacional de La Plata.
[4] Idem.
[5] Idem.
[6] Resolución N°39/74, Libros de Resoluciones, Archivo Histórico “Zulma Totis”, LVM.
[7] De acuerdo a las pautas de la Resolución Nº 24/74 de la UNLP, Libros de Resoluciones, Archivo Histórico “Zulma Totis”, LVM.
[8] Resolución N°1044/75, Libros de Resoluciones, Archivo Histórico “Zulma Totis”, LVM.
[9] Resolución N°1795/75, Libros de Resoluciones, Archivo Histórico “Zulma Totis”, LVM.
[10] Resolución N°4/75,  Libros de Resoluciones, Archivo Histórico “Zulma Totis”, LVM.
[11] Resolución  N°97/75,  Libros de Resoluciones, Archivo Histórico “Zulma Totis”, LVM.
[12] En la Resolución Nº 374/75 se les reconocieron los servicios prestados. Libros de Resoluciones, Archivo Histórico “Zulma Totis”, LVM.
[13] Nota del Diario “El Día”, Archivo Histórico “Zulma Totis”, LVM.
[14] Resolución N°1827/76, de agosto de 1976, Libros de Resoluciones, Archivo Histórico “Zulma Totis”, LVM.
[15] Resolución N°2174 del 30 de agosto de 1976, Libros de Resoluciones, Archivo Histórico “Zulma Totis”, LVM.
[16] Resolución N°2758 del 30 de septiembre de 1976, Libros de Resoluciones, Archivo Histórico “Zulma Totis”, LVM.
[17] Resolución N°1063 del 9 de junio de 1976, Libros de Resoluciones, Archivo Histórico “Zulma Totis”, LVM.
[18] Resolución N°1487, Libros de Resoluciones, Archivo Histórico “Zulma Totis”, LVM.

 

23/04/2021

 

Diálogo con Herenia Martínez de Sánchez Viamonte - Madre de Plaza de Mayo

 







 
 
 
 
 
 
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