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San Martín y el legado de la unidad latinoamericana
El 17 de agosto se conmemora la partida física de José de San Martín. Por su participación decisiva en las independencias de Argentina, Chile y Perú, fue uno de los militares y políticos más importantes de la primera mitad del siglo XIX en la región. Su papel y su legado como libertador mantienen vivo el sueño de la unidad latinoamericana.
17 de agosto (2021)

 
Las “historias nacionales”, desde fines del siglo XIX, se empeñaron en elevar a los “próceres” locales como actores principales de la emancipación. Esta perspectiva no contemplaba el espíritu americanista de dicha gesta, ni tampoco el hecho de que la actuación de estas figuras tuviera lugar en el marco de determinadas correlaciones de fuerza internacionales. El peso de aquella historia oficial y sus detractores explican, en parte, la existencia de relatos distintos, y hasta francamente opuestos, sobre aspectos centrales de la biografía de San Martín y de su breve y decisiva participación en las luchas de emancipación americana.

José Francisco de San Martín y Matorras nació el 25 de febrero de 1778 en el pueblo de Yapeyú, en el entonces territorio de la provincia de Misiones, hoy Corrientes. Su origen plebeyo y mestizo forma parte de los aspectos controversiales que rodean su figura. En 1781 la familia partió hacia España y dejó atrás la tierra del recientemente creado Virreinato del Río de la Plata. En ese entonces, en el Alto Perú comenzaba la rebelión liderada por Tupac Amaru contra los abusos del poder español.
San Martín pasó su niñez y juventud en España, donde estudió en la Escuela de Temporalidades de Málaga. Desde los once años formó parte del Regimiento de Infantería de Murcia y siendo muy joven participó en combates en España y en el Norte de África. Influenciado por las ideas de la Revolución Francesa de 1789, se acercó a las posiciones liberales en las Guerras de Independencia Española, experiencia que le permitió conocer las estrategias del ejército napoleónico. Sobre su regreso a tierras americanas en 1812, ante el inminente retorno al trono de Fernando VII, también hay distintas posiciones. Algunas destacan la necesidad de expandir los ideales liberales en la región a partir del proceso iniciado en mayo de 1810. Otras, lo explican como consecuencia de la derrota de la revolución liberal en España: la independencia sudamericana debía impulsarse decididamente, en tanto que, tras la restauración monárquica de Fernando VII, España intentaría recuperar sus colonias.
En su paso por Londres, participó en la Gran Reunión Americana, una organización secreta, junto a Francisco Miranda, Simón Bolívar, Carlos María de Alvear, Bernardo O´Higgins, entre otros. A partir de aquella reunión se fundó la Logia Lautaro, cuyo nombre rendía homenaje al toki mapuche que lideró la Guerra de Arauco contra los españoles, en la primera fase de la conquista.

A sus 34 años, San Martín llegó a Buenos Aires. Permanecería en América tan solo doce años. En función de  su grado y formación militar, se le encomendó la creación de un regimiento para custodiar las costas del Paraná. Así nacía el Regimiento de Granaderos a Caballo, que hoy lleva su nombre. En la capital, San Martín entró en contacto con los grupos opositores al Triunvirato orientado por Rivadavia, entre los que se encontraba Bernardo de Monteagudo. La actuación de la Logia Lautaro fue decisiva para la caída del Triunvirato. Toda la estrategia política y militar era acorde con el ideario de una América Unida, a la que consideraban una sola nación.

En 1813, luego del triunfo en la famosa batalla de San Lorenzo, en la actual provincia de Santa Fe, contra las tropas españolas que sostenían la ocupación realista en Montevideo, se le encomendó reemplazar a Belgrano al mando del Ejército del Norte. Concentró las tropas en Tucumán y encargó la defensa de la frontera Norte a Martín Miguel de Güemes, a quien nombró Teniente Coronel. Cuando el ejército de Belgrano se retiró del Alto Perú, la defensa de la causa independentista quedó en manos de las llamadas “republiquetas”, compuestas principalmente por indígenas, y en menor medida por mestizos y gauchos. Con la táctica de la guerra de guerrillas, asediaron las principales ciudades al mando de Ignacio Warnes, Vicente Camargo, Eustaquio “Moto” Mendez, Manuel Padilla y Juana Azurduy, entre otros. En tanto, en Europa avanzaban las restauraciones monárquicas luego de la derrota de Napoleón.

Nombrado gobernador de Cuyo en 1814, con sede en la ciudad de Mendoza, San Martín puso en marcha los preparativos para el ambicioso plan libertador. Además de fomentar la industria, la agricultura y la educación, creó un sistema impositivo equitativo para que pagaran más quienes más tenían. Por entonces, se casó con Remedios de Escalada. En 1816 nació Merceditas, la única hija de la pareja. San Martín apoyó la iniciativa de crear una monarquía constitucional con un rey de la dinastía inca y encomendó al diputado al Congreso de Tucumán, Godoy Cruz, avanzar hacia la proclamación de la independencia. Tras organizar al Ejército de los Andes, cruzó la cordillera y lideró la emancipación de Chile en las batallas de Chacabuco y Maipú, previas a la declaración de su independencia, en 1818. Entre los aspectos de su trayectoria que han sido poco difundidos, cabe mencionar la relación entablada con “nuestros paisanos los indios”, como él los llamara en su célebre proclama de 1819.  San Martín solicitó el permiso y apoyo de las comunidades pehuenches para el paso a Chile, participando de largos parlamentos liderados por el cacique Necuñán.

En 1820, luego de recibir instrucciones del Senado de Chile, y mientras se producía la caída del Directorio por el triunfo de los federales en la batalla de Cepeda, atacó al último baluarte español en Sudamérica, la ciudad de Lima, y declaró la independencia del Perú en 1821. El nuevo gobierno independiente nombró a San Martín su Protector, con plena autoridad civil y militar. A instancias de su consejero y ministro Bernardo de Monteagudo, una de sus primeras acciones fue decretar la libertad de vientres con la abolición de la servidumbre personal (mitas, pongos, encomiendas, yanaconazgos), el fin de de la Inquisición y de los castigos corporales.

Para vencer definitivamente a la resistencia realista, intentó sumar esfuerzos con Simón Bolívar, con quien tuvo la famosa entrevista de Guayaquil, en julio de 1822. Este es uno de los episodios más debatidos por la historiografía del período. Las suspicacias acerca de la supuesta enemistad entre ambos libertadores se deben a la posterior renuncia de San Martín al protectorado del Perú y su retiro de la política. Cedió a Bolívar el mando de su ejército y la meta de finalizar la liberación del Perú. Más allá de sus diferencias, en parte relacionadas con los sistemas de gobierno a construir, el ideario americanista que compartían dejó testimonios de una franca relación de amistad, cimentada en convicciones comunes.  
Su esposa Remedios murió en 1823. En 1824, se embarcó de Buenos Aires hacia Europa con su pequeña hija Mercedes. Ese año, al mando del General Sucre, se ganaría la batalla de Ayacucho, el combate definitivo por la independencia americana. En Buenos Aires avanzaba el proyecto centralista rivadaviano. Acerca del autoexilio de San Martín, se debaten distintas explicaciones: su enfermedad, el enfrentamiento con Rivadavia y los unitarios, su negativa a enfrentarse a los federales, o a tomar parte en guerras fratricidas. En 1828 intentó regresar a Buenos Aires, pero ante la guerra civil desatada por el general Lavalle, desembarcó en Montevideo y regresó a Europa, donde vivió veinte años más hasta su fallecimiento el 17 de agosto de 1850.

El legado de quienes participaron en la lucha colectiva por la libertad y la independencia, se proyecta en la búsqueda de alternativas para un presente complejo y en la construcción de un futuro que haga realidad el viejo anhelo de unidad latinoamericana.

 

16/08/2021

 
 
 
 
 
 
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