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La figura de Sarmiento en perspectiva
En el día de las y los docentes, reconocemos a quienes asumen cada día la tarea de enseñar, revisitando la acción de Domingo Faustino Sarmiento, quien dio orientación intelectual a la creación y expansión de un sistema educativo obligatorio en la Argentina. Sus luces y sombras conforman un espejo en que hoy podemos mirarnos, desde la escuela, en tiempos que interpelan fuertemente los sentidos de la educación y el trabajo docente.
Maestras_AGN_1908

El 11 de septiembre fue declarado como Día del Maestro en una Conferencia Interamericana de Ministros y Directores de Educación celebrada en Panamá en 1943, cuando se cumplía el 55º aniversario del fallecimiento de Domingo Faustino Sarmiento. En Argentina, la fecha fue oficializada por decreto en el año 1945.

Sarmiento tuvo un rol fundamental en la creación del sistema educativo nacional, es autor de una reconocida obra como figura destacada de las letras nacionales y fue una pieza clave en la sinuosa etapa de organización del Estado argentino. Su figura trasciende el ámbito escolar, proyectando en el espacio más amplio de la política nacional y latinoamericana un legado que invita a pensar la escuela en perspectiva histórica.  

Político, escritor, docente, periodista y militar, Domingo Faustino Sarmiento nació en las Provincias Unidas del Río de la Plata, en el barrio de Carrascal, ciudad de San Juan, el 15 de febrero de 1811. En 1816, mientras se reunía el Congreso de Tucumán, ingresó a una de las llamadas «Escuelas de la Patria», fundadas por los gobiernos de la Revolución de Mayo. En el marco del proceso revolucionario, la educación colonial fue objeto de fuertes críticas por estar dirigida exclusivamente a la élite blanca, centrada en la formación moral y religiosa y con un método que se apoyaba en humillaciones y castigos corporales. En la conversión de súbditos a soberanos, la educación fue imaginada y proyectada como vía de transformación social, a partir de su extensión a las masas populares. Sarmiento inició su obra como educador a la edad de 15 años. Reafirmando siempre su identidad como maestro, consagró la mayor parte de su pensamiento y acción a la expansión de la educación pública y común. Comprometido activamente en las guerras civiles posteriores a la independencia, se exilió en más de una ocasión en Chile. Allí fue Director de la Escuela Nacional de Preceptores, la primera en toda la región, creada en Santiago en 1842. En 1855 fue jefe del Departamento de Escuelas en el gobierno local de Buenos Aires. Como gobernador de San Juan entre 1862 y 1864, durante la presidencia de Bartolomé Mitre, decretó la Ley de enseñanza primaria obligatoria.  
Sarmiento interpretó los conflictos y resistencias a la consolidación del Estado Nacional, mediante la antinomia “civilización y barbarie”, que marcó fuertemente el lenguaje político de la Argentina moderna. Su principal paradoja radica en que, mientras consideraba a la instrucción pública como vía privilegiada de inclusión de las grandes masas en la civilización y el progreso, consintió y fue eco de la barbarie propagada en nombre de estos principios. A los 57 años, fue elegido Presidente de la Nación en 1868, mientras se hallaba en Estados Unidos en el marco de un viaje por distintos países que se le encomendó con el fin de estudiar los sistemas educativos. Durante la presidencia de Nicolás Avellaneda, siguió formando parte de los grupos dirigentes: fue Senador Nacional por su provincia entre 1874 y 1879, y Ministro del Interior en 1879. Por entonces, se decidía la solución final respecto al “problema del indio”, con las campañas de conquista del llamado “desierto” para incorporarlo al territorio nacional. La influencia de las ideas del positivismo y el darwinismo social, que pretendían dotar de una justificación científica al racismo, promovieron el genocidio de los pueblos indígenas del sur de la frontera norpatagónica, con los que distintos jefes políticos y militares, tanto federales como unitarios, habían mantenido, hasta entonces, tratados y relaciones que incluyeron negociación y conflicto. El fomento de la inmigración europea fue la otra faceta de una política tendiente a “blanquear” a la población, que los gobiernos de entonces se propusieron.

Durante su presidencia, Sarmiento logró incrementar la población escolar de treinta mil a cien mil alumnos, además de crear numerosas instituciones educativas públicas, no solo escuelas primarias, sino también la Academia Nacional de Ciencias, el Observatorio Nacional y la Facultad de Ciencias Exactas y Matemática en Córdoba, la Universidad Nacional de San Juan, la Biblioteca Nacional de Maestros,  entre otras. La expansión de la escolarización sentó las bases para la Ley 1420, sancionada durante la presidencia de Julio Argentino Roca, que transformó a la Argentina en uno de los países con mayor porcentaje de alfabetización a principios del siglo XX.

En el ideario pedagógico de Sarmiento se expresa la tensión entre la creación de un sistema educativo democrático y la exclusión de importantes sectores identificados con lo popular y lo americano. La misión civilizadora y homogeneizadora de la escuela y las ideas modernas sobre la enseñanza y la infancia fueron transmitidas a través de las escuelas normales, cuya fundación marcó un hito en la historia de la educación argentina, forjando la identidad docente de generaciones de maestras y maestros. La primera fue creada en Paraná en 1870. Sarmiento admiraba los avances de Estados Unidos en materia de educación y, durante su presidencia, consiguió contratar por tres años a sesenta y cinco maestras y algunos maestros de ese país que se incorporaron a la enseñanza normal.  Desde estas instituciones, numerosas mujeres ingresaron en el mundo del trabajo. La formación docente pasó a ser una posibilidad de salir de la vida en el hogar y, en algunos casos, un medio para lanzarse a participar activamente en la vida pública y política. Las trayectorias de maestras, anónimas o destacadas como Juana Manso y Rosario Vera Peñaloza, dan testimonio de una profesión feminizada, por extensión del rol social asignado a las mujeres, consideradas como orientadas naturalmente al cuidado de niños y niñas; pero también dan cuenta de la posibilidad, siempre renovada, de desafiar esos moldes y mandatos sociales.

Las contradicciones que atraviesan la vida de Sarmiento y la creación del sistema educativo argentino, son, quizás, inherentes al proyecto escolar moderno, entre la emancipación y el disciplinamiento. El reconocimiento ético, político y pedagógico de la diversidad en la escuela y de las múltiples realidades escolares a partir de la expansión de la educación obligatoria, tensiona el viejo imaginario normalizador. Al mismo tiempo, la afirmación de la educación como derecho social implica defender el ineludible papel del Estado frente a las lógicas de mercantilización y exclusión.

La tarea docente necesariamente se funda en la convicción de compartir el conocimiento como bien común y de que cada sujeto es merecedor de un legado y capaz de dejar su huella. En tiempos de tanta incertidumbre, celebramos el trabajo de enseñar como una invitación al encuentro para construir lo común.

 

 

Imagen: Primeras maestras argentinas egresadas de la Escuela Normal Nº5 (1908) | AGN (AGN_DDF/ Caja 333, inv: 349693)

11/09/2021

 
 
 
 
 
 
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