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Dos Madres cerraron las Jornadas de la Memoria

“La escuela es el espacio privilegiado en el que practicamos ciudadanía, es el lugar estratégico para el encuentro entre generaciones, y en ese encuentro (un filósofo muy importante habla de ‘cita secreta entre generaciones’), en el que la palabra circula, los relatos se cuentan una y otra vez, allí se construye la memoria colectiva. Allí hacemos posible el mensaje de Adelina, que en octubre del año pasado en este mismo salón de actos ‘Chicha Mariani’ reivindicaba el ejercicio de la memoria, de la política y de la justicia, y les decía ‘no olviden; no hay que olvidar'”. Así abrió Constanza Erbetta la primera de las dos charlas con madres de Plaza de Mayo que dieron cierre a las Jornadas de la Memoria en el Liceo. “Disfruten de este momento. Disfruten el privilegio de este encuentro”, reflexionó la  directora del colegio.

La primera de las charlas, con Adelina Dematti de Alaye (madre de Plaza Mayo, Doctora Honoris Causa de la UNLP, ciudadana ilustre de La Plata y autora de La marca de la infamia. Asesinatos, complicidad e inhumaciones en el cementerio de La Plata) tuvo lugar el pasado lunes 20 de abril por la tarde, para alumnos de 2º año D y E.

La segunda charla fue este miércoles 22 por la mañana para alumnos de 5º año A, B y E, con Adelina de Alaye y Herenia Sánchez Viamonte, también madre de Plaza de Mayo.

En un intercambio cálido, cercano y emotivo, Adelina y Herenia rebobinaron el origen de su lucha y de la unión en un colectivo de madres de personas desaparecidas que las transformó como sujetos, volvieron a reivindicar la memoria, la verdad y la justicia, y respondieron preguntas de alumnos y alumnas.

“Somos personas comunes que debimos afrontar cosas que nos convirtieron en Madres de Plaza de Mayo”, contó Adelina mientras se colocaba el pañuelo antes de comenzar con la charla.

“Por suerte, hoy en casi todos los colegios se trabaja en marzo para que todos conozcan lo que pasó y que nunca más vuelva a suceder”, destacó Herenia.

Juntas, repasaron hechos, vivencias, anécdotas y climas de La Plata en los momentos previos al último golpe de Estado y después, ya cuando debieron ponerse al frente de la lucha por conocer dónde estaban sus hijos. Herenia se refirió a las víctimas de “La noche de los lápices”, porque muchos de ellos fueron sus alumnos. Contaron cómo salían todos los jueves de La Plata, en el tren de las 14.15, hacia la ronda silenciosa en la Plaza de Mayo, y qué estrategias se daban una vez allí para cuidarse mutuamente.

“Cada semana aparecían más madres, porque habían desaparecido más”, recordaron, y explicaron cómo en el viaje de vuelta se sentían un poco más fortalecidas por la lucha conjunta.

“La gran amistad surgió entre las Madres, por hablar el mismo idioma”, resumió Herenia.

“No fuimos comprendidas en un principio por la sociedad y por muchos amigos”, recordó Herenia. “Yo sentí mucho apoyo, pero nosotras mismas nos reprimíamos, para no comprometer a otros”, complementó Adelina.

Juntas, a partir de una pregunta sobre la vigilancia de los militares durante aquelas rondas en la Plaza de Mayo, Adelina y Herenia recordaron cómo eran seguidas y “fichadas”, y desarrollaron puntualmente -mostrando cómo aún se les pone la piel de gallina al recordarlo- el caso de seguimiento e infiltración del represor Alfredo Astiz. También se refirieron al cierre de los centros de estudiantes por la represión, al rol de funcionarios de la Iglesia católica en aquel entonces y al comienzo de los procesos de justicia (penal y “juicios por la verdad”) una vez recuperada la democracia en nuestro país.

“No sé si imaginan lo que es tener durante tantos años la duda de dónde están nuestros hijos”, concluyó Herenia.

 

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