A 50 años del inicio de la última dictadura y a 44 años de la guerra de Malvinas, las heridas siguen abiertas.
El reclamo histórico de Argentina por la soberanía de las islas del Atlántico Sur ocupadas en 1833 por el Reino Unido tuvo en 1982 un capítulo funesto y doloroso, profundamente anclado en la memoria colectiva.
Al frente de un gobierno de facto ya deslegitimado, las Fuerzas Armadas argentinas impulsaron una acción militar para recuperar las islas que llevó al conflicto bélico con Gran Bretaña el 2 de abril. Una guerra que duró 74 días y dejó un saldo de 649 muertos, a los que se suman quienes se quitaron la vida al enfrentar el silencio en la posguerra, todos ellos jóvenes que cumplían su formación militar obligatoria como soldados conscriptos en establecimientos de las Fuerzas Armadas.
La guerra de Malvinas fue parte de la última dictadura y es indisociable del terrorismo de Estado. Aunque apeló a un legítimo reclamo soberano y a una sentida causa nacional, fue una guerra impuesta, reivindicada desde una idea de “Nación” también inspiradora del plan sistemático de exterminio que significó la llamada “lucha contra la subversión apátrida”.
Los mismos oficiales que cometieron crímenes de lesa humanidad en el continente condujeron la guerra en las islas y disciplinaron a los soldados con las mismas metodologías del horror: vejámenes, estaqueos, torturas, simulacros de fusilamiento, castigo físico y presión psicológica. Esto se reconoció en el Informe Rattenbach, realizado por las propias Fuerzas Armadas, que dejó asentado que la guerra “fue una aventura militar” improvisada. El Centro de Ex Combatientes de las Islas Malvinas (CECIM) de La Plata, conformado exclusivamente por ex soldados conscriptos, fue la primera organización en publicar este Informe que permanecía secreto, desafiando el mandato desmalvinizador de los genocidas que buscaba imponer un pacto de silencio respecto a lo ocurrido en Malvinas.
A diferencia de los relatos belicistas de ex veteranos y militares que aún hoy reivindican la “gesta heroica” de la guerra, el CECIM destaca que “Malvinas también fue la dictadura”. Según datos del Centro, 129 soldados conscriptos que cumplían con la ley del servicio militar obligatorio fueron desaparecidos en el continente. Esto tuvo su continuidad en las tumbas sin nombre que continúan identificándose en las islas, gracias a la campaña por la identidad de los 123 soldados enterrados como NN.
En 2024 la UNLP entregó al CECIM el título Honoris Causa, por su lucha contra el silencio y la impunidad y por su insistencia permanente en el reclamo pacífico por la soberanía de las Islas y el Mar Argentino. Entre los considerandos se menciona que “el CECIM impulsa una mirada integral de la Cuestión Malvinas, complejizando el concepto de Soberanía que remite al reclamo territorial con una posición estratégica vinculada al desarrollo y el anticolonialismo, a la vez que promueve múltiples iniciativas en defensa de los bienes naturales, energéticos y alimentarios ligados a nuestro territorio insular oceánico y el Mar Argentino”.
A 44 años de Malvinas, las heridas siguen abiertas, tanto en quienes la sufrieron en carne propia, como en el conjunto de la sociedad, que todavía se debe un profundo debate y reflexión sobre las condiciones que la propiciaron y las consecuencias no asumidas que aún persisten. Por eso, recordamos y honramos a los soldados que dejaron su vida en las islas, y a quienes asumieron la difícil empresa de pelear contra el olvido y la impunidad, con los mandatos de Memoria, Verdad, Justicia, Soberanía y Paz.
