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La Revolución de Mayo de 1810 y sus sentidos en disputa

A 216 años, desde el Liceo invocamos el legado de quienes se atrevieron a soñar con un destino soberano y lucharon por la libertad sin renunciar a la igualdad.

La Revolución de Mayo de 1810 fue un hito fundamental en el largo camino hacia la independencia y su historia pasó a formar parte del relato de origen de la identidad nacional. ¿Cuáles son los legados de la Revolución para pensar nuestro presente y nuestro futuro? 

La lucha por la emancipación americana hunde sus raíces en las rebeliones anticoloniales americanas de fines del siglo XVIII, como el levantamiento indígena liderado por José Gabriel Condorcanqui Noguera, más conocido como Tupac Amaru II, contra los abusos de la administración colonial en el Alto Perú, que tuvo ecos en el actual noroeste argentino. En 1804, la independencia de Haití inauguró el ciclo revolucionario en la región, marcando el fin de la dominación colonial francesa y de la esclavitud.

El contexto europeo aceleró los acontecimientos, a partir de la expansión de Napoleón Bonaparte. El bloqueo francés a las manufacturas británicas en los puertos europeos motivó las invasiones inglesas de 1806 y 1807 en Buenos Aires. La formación de milicias masivas con cuerpos especiales de indios, pardos y morenos para la defensa, el desprestigio del aparato colonial por la huida de las autoridades y el clima de deliberación popular que se activó entonces, fueron precedentes cruciales en los sucesos por venir. La crisis del imperio español, con el vacío de poder tras la ocupación de España en 1808, dio lugar a un movimiento juntista que, si bien fue rápidamente reprimido, propuso una nueva relación con las colonias y una Constitución con principios liberales que eran por entonces revolucionarios. Ante la ausencia del rey, la Revolución de mayo de 1810 condujo al primer gobierno autónomo de las Provincias Unidas del Río de La Plata.

La autonomía política dio lugar a profundas transformaciones políticas, económicas y sociales sobre la base de la soberanía popular, que se invocó, entre las ideas revolucionarias, como un principio de legitimidad novedoso y alternativo frente al derecho divino de los reyes. Como parte de este proceso, inspiradas en el movimiento juntista español, las primeras Juntas de Gobierno se crearon en Venezuela, Nueva Granada, el Río de La Plata y Chile. 

La creación de la Primera Junta de Gobierno Provisional en el Río de La Plata el 25 de mayo de 1810, no significó entonces, para las elites porteñas que la promovieron, una ruptura clara con la monarquía hispánica. Sólo tras largas y sostenidas luchas entre distintos proyectos de organización política fue posible forjar un estado nacional.

El proceso revolucionario sacudió todas las jerarquías de la sociedad colonial. No sólo recuperaba la experiencia de las milicias, sino también las tradiciones milenarias de los pueblos indígenas que inspiraron el poderoso movimiento anticolonial de 1780-1781. El legado de líderes como Tupac Amaru, Micaela Bastidas, Tupac Katari y Bartolina Sisa, estaba presente en el espíritu de revolucionarios como Juan José Castelli, Mariano Moreno, Manuel Belgrano, Bernardo de Monteagudo, José de San Martín, Juana Azurduy, entre otros y otras, más o menos anónimos, que expresaron el anhelo de construir un nuevo orden social sobre la base del respeto a los Pueblos Originarios y la eliminación de las formas de esclavitud y servidumbre propias de la sociedad colonial. 

Estos principios, expresados en la famosa proclama de la Asamblea del año XIII, al final del siglo fueron brutalmente invertidos por quienes llevaron adelante el genocidio indígena, expropiando sus territorios para impulsar el modelo agroexportador y consolidar el Estado nacional argentino.

En las últimas décadas se ha redescubierto la participación de las mujeres en la Revolución, aunque el proyecto de nación independiente que se fue consolidando estuvo lejos de reconocer su condición de semejantes. Lo mismo debe decirse de las y los afrodescendientes, como ilustra el destino de María Remedios del Valle, nombrada capitana del Ejército del Norte por Manuel Belgrano y convertida en mendiga en las calles de Buenos Aires al final de sus días. 

La construcción de una República compuesta por ciudadanos considerados iguales es un proyecto inconcluso, por la persistencia de opresiones étnicas, de clase, de género, entre otras, que impiden la consagración de derechos efectivamente universales.

Frente a la degradación de la soberanía nacional que suponen las actuales políticas de ajuste, desregulación y privatización, y ante la profundización de las nuevas formas de dominación colonial, honramos el legado de aquellos y aquellas que lucharon por la libertad sin renunciar a la igualdad.


Obras: “Primera Junta de 1810” (2010) y “Cabildo abierto” (2018), acrílico sobre lienzos, de Diego Manuel Rodríguez.