José de San Martín fue una de las figuras centrales del proceso emancipador en la región, con su participación decisiva en las independencias de los actuales estados de Argentina, Chile y Perú. Su legado se mantiene vivo en el sueño de la unión latinoamericana.
José Francisco de San Martín y Matorras nació el 25 de febrero de 1778 en Yapeyú, en el entonces territorio de la provincia de Misiones. En 1781 la familia partió hacia España y dejó atrás la tierra del Virreinato del Río de la Plata. Por entonces, en el Alto Perú comenzaba la rebelión anticolonial liderada por Tupac Amaru.
A los once años formó parte del Regimiento de Infantería de Murcia y siendo muy joven participó en combates en España y en el Norte de África. Influido por las ideas de la Revolución Francesa, se acercó a las posiciones liberales en las Guerras de Independencia Española, experiencia que le permitió conocer las estrategias del ejército napoleónico.
Tras la derrota de la revolución liberal en España y con la restauración monárquica de Fernando VII, España intentaría recuperar sus colonias. La independencia sudamericana debía impulsarse decididamente. En su paso por Londres, San Martín participó en la Gran Reunión Americana, en la que se fundó la Logia Lautaro, junto a otros revolucionarios como Francisco Miranda, Simón Bolívar, Carlos María de Alvear y Bernardo O´Higgins. La organización secreta llevaba el nombre del toki mapuche que lideró la Guerra de Arauco contra los españoles, en la primera fase de la conquista. Toda su estrategia política y militar era acorde con el ideario de una América Unida, a la que consideraban una sola nación.
A sus 34 años, San Martín llegó a Buenos Aires en 1812. Permanecerá en América tan solo doce años. Su primera misión fue la creación del Regimiento de Granaderos a Caballo, que hoy lleva su nombre. En 1813, luego del triunfo en la batalla de San Lorenzo contra las tropas españolas que ocupaban Montevideo, se le encomendó reemplazar a Manuel Belgrano al mando del Ejército del Norte. Concentró las tropas en Tucumán y encargó la defensa de la frontera Norte a Martín Miguel de Güemes, a quien nombró Teniente Coronel.
Cuando el ejército de Belgrano se retiró del Alto Perú, la defensa de la causa independentista quedó en manos de las llamadas “republiquetas”, compuestas por indígenas, mestizos y gauchos. Con la táctica de la guerra de guerrillas, asediaron las principales ciudades al mando de Ignacio Warnes, Vicente Camargo, Eustaquio “Moto” Mendez, Manuel Padilla y Juana Azurduy, entre otros. En tanto, en Europa avanzaban las restauraciones monárquicas luego de la derrota de Napoleón.
Nombrado gobernador de Cuyo en 1814, San Martín puso en marcha los preparativos para el ambicioso plan libertador desde Mendoza. Además de fomentar la industria, la agricultura y la educación, creó un sistema impositivo equitativo para que pagaran más quienes más tenían. Por entonces, se casó con Remedios de Escalada. En 1816 nació Merceditas, la única hija de la pareja. San Martín apoyó la iniciativa de crear una monarquía constitucional con un rey de la dinastía inca y encomendó al diputado al Congreso de Tucumán, Tomás Godoy Cruz, avanzar hacia la proclamación de la independencia. Tras organizar al Ejército de los Andes, cruzó la cordillera y lideró la emancipación de Chile en las batallas de Chacabuco y Maipú, previas a la declaración de su independencia, en 1818. Como expresión de la relación entablada con “nuestros paisanos los indios”, como dijera en su célebre proclama de 1819, San Martín contó con el permiso y apoyo de las comunidades pehuenches para el paso a Chile, tras largos parlamentos liderados por el cacique Necuñán.
En 1820, con instrucciones del Senado de Chile, y mientras en Buenos Aires caía el Directorio tras el triunfo de los federales en Cepeda, atacó al último baluarte español en Sudamérica, la ciudad de Lima, y declaró la independencia del Perú en 1821. El nuevo gobierno independiente nombró a San Martín su Protector. A instancias de su consejero y ministro Bernardo de Monteagudo, una de sus primeras acciones fue decretar la libertad de vientres, la abolición de la servidumbre personal, el fin de de la Inquisición y de los castigos corporales. En 1822 se entrevistó con Simón Bolívar en Guayaquil y, poco después, se retiró de la vida política, dejando en manos de Bolívar la conducción de la etapa final de la emancipación peruana.
Su esposa Remedios murió en 1823. En 1824, se embarcó hacia Europa con su pequeña hija Mercedes. Ese año, al mando del General Sucre, se ganaría la batalla de Ayacucho, el combate definitivo por la independencia americana. En Buenos Aires avanzaba el proyecto centralista rivadaviano. Acerca del autoexilio de San Martín, hay distintas explicaciones: su enfermedad, el enfrentamiento con Rivadavia y los unitarios, su negativa a enfrentarse a los federales, o a tomar parte en guerras fratricidas. En 1828 intentó regresar a Buenos Aires, pero ante la guerra civil desatada por el general Lavalle, desembarcó en Montevideo y regresó a Europa, donde vivió veinte años más hasta su fallecimiento, el 17 de agosto de 1850.
En tiempos de retrocesos, tanto en materia de soberanía como en el horizonte de la igualdad, el legado de quienes participaron en las luchas por la libertad y la independencia sigue vivo en el viejo anhelo de la unión latinoamericana.
